Shootin stars

Shootin stars.

Editorial:
DIPUTACION GRANADA
Año de edición:
Materia
Fotografia y fotografos
ISBN:
978-84-7807-644-4
Páginas:
206
Colección:
FOTOGRAFIAS
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En una época fragmentaria como esta en la que el yo tiende a escindirse, también ocurre lo contrario: dos cosmogonías que se solapan de pronto parecen una sola.

Santiago Bueno, un andaluz que ha inmortalizado para medios como El País o Sunday Times Magazine algunas de las estrellas del cine y de la cultura más relevantes del mundo conoció en California a James Good, un japonés de origen canadiense que ha centrado su trabajo fotográfico en la arqueología solitaria de paisajes y micropaisajes naturales. A pesar de las enormes divergencias de la obra de uno y otro, ambos supieron desde el principio que, orgánicamente, eran almas gemelas.

La unión de las fotografías de los dos artistas en este libro pretendía demostrar que la mirada puede ser idéntica a pesar de lo que se mire. Sin embargo, si la confluencia de las obras en un mismo espacio ha terminado siendo fértil no ha sido tanto por el juego de identificaciones formales que se ha generado a través de la elección de temáticas dispares, sino porque, en última instancia, ha puesto de manifiesto que ambos artistas estaban abordando precisamente lo mismo.

Al un lado, Santiago Bueno presenta Shooting Star, donde estrellas de la cultura de masas se plantan ante la cámara y posan, conocedores del precio de su propia imagen pública, o se mueven para que la cámara cace el movimiento que pueda dar cuenta de su espontaneidad. Están vivos, significan. Su vida no solo les pertenece a ellos porque además de su dimensión personal poseen otra simbólica, sostenida por todos nosotros. Son vidas que no parece que puedan extinguirse nunca.

Al otro lado, James Good fotografía en Solitude algo que la propia naturaleza presenta como una fotografía. Sus imágenes estáticas congelan un tiempo que ya es estático en su duración. Lo real que su cámara enfoca está ya detenido, cristalizado: lo que inmortaliza el disparo es la pausa, lo que es inerte o ha quedado inerte desde mucho antes de producirse. La rotunda identidad de la montaña, cuyos estratos parecen contener la historia. La nieve raleando la caliza. Los insectos sin vida sobre los cristales sólidos del agua, anónimos, insignificantes. Sus miembros despedazados parecen una inefable respuesta a la primera pregunta del mundo. Son fotografías sedimentarias sobre un tiempo y un espacio hechos de limo.

Una propuesta parece el reverso de la otra. Sin embargo, tras una mirada detenida al conjunto entendemos que no solo el abordaje formal y orgánico de uno y otro fotógrafo coinciden. También lo hace aquello que nos muestran.

Escape room funciona como epílogo a Shooting Star, pero sobre todo, como vértebra con la que se sostiene el extraño cuerpo de toda la exposición. Al mostrar el abismo junto a la gloria se subraya la futilidad de toda forma de vida, recordándonos que los desventurados son iguales que los insectos, que los insectos son iguales que las divas, y que cualquier otra mirada sobre el caos no es sino una forma de evasión. Porque ese es el único objeto fotografiado en esta exposición, el que hallamos al final de todo trayecto vital. Nuestro verdadero patrimonio, que es abstracto y es de todos.